Amabilidad: Héctor y los rulemanes

Conocer a Héctor nos enseña el valor de la amabilidad.

“Papá, quiero fabricar un spiner”, me dijo Thiago esa tarde volviendo del colegio. Así comenzó la aventura de conseguir los elementos necesarios para que mi pequeño creativo haga de las suyas.

Lo más complicado para mí era pensar en conseguir un ruleman. ¡No sabía ni donde comprarlo! Salimos a buscar algún lugar y llegamos a una ferretería. Padre e hijo preguntando por un ruleman. La señora amable, nos informó que ella no vendía eso pero que en dos cuadras llegaríamos a un negocio exclusivo de rulemanes.

Apuramos el paso porque ya era el horario de cierre de los negocios y llegamos al pequeño local repleto de rulemanes de todos los tipos y tamaños. Había un cliente con su ropa de mecánico un poco engrasada, el señor que atendía con ropa de trabajo también y nosotros. Es raro en esos negocios ver un hombre con ropa elegante sport, con un nene de 10 años con sus ojitos brillantes de ilusión por encontrar su ruleman.

El negocio en Av. de los Incas 4886, CABA

El encargado nos miró y con una sonrisa nos preguntó ¿Buscan un ruleman para hacer un spiner? Nos reímos y relajamos un poco entendiendo que ya era habitual que vayan niños a comprar rulemanes. Le dijimos que sí, esperando que el hombre nos dé un ruleman y nos cobre. Pero no. Héctor tiene la virtud del servicio amable, brindando una excelente atención.

Tomó una hoja de papel, una birome y comenzó a dibujar magistralmente varios tipos de spiners para mostrarle a Thiago. Le dijo que tuviera ciertos cuidados al fabricarlo, especialmente en la forma que le daría porque de eso dependía el funcionamiento. Además nos orientó sobre cómo hacerle el mantenimiento al ruleman y desde ya nos vendió el más adecuado para este fin. Que era más barato que el que le habíamos pedido.

¡Cuánta simpatía y generosidad en este hombre! ¡Y eso que era la hora de cerrar su negocio! ¡Desde ya que a pesar de su atención cordial no nos convertiríamos en clientes porque era suficiente con lo que íbamos a comprar! Así y todo nos brindó lo mejor de sí.

Sacamos una foto de recuerdo, le agradecimos su calidez y nos fuimos.

Mientras íbamos para la casa con mi hijo, aproveché para hablarle de cómo marca la diferencia una persona que ama lo que hace y valora al otro. ¡Se notaba que Héctor era feliz vendiendo rulemanes! ¡No podía ocultarlo!

Actualmente no suele haber muchos “Hector” por ahí ¿verdad? Quizás porque nos falta aprender a disfrutar más lo que hacemos y saborear esos lindos momentos cotidianos. Con este ritmo acelerado hemos perdido el interés en disfrutar del camino y sólo pensamos en la meta. Así, nos sucede que cuando alcanzamos esa meta, pareciera que estamos vacíos. Es lógico, porque no reparamos en el valor y significado de cada paso que dimos.

Agradecidos por la atención de Héctor

Necesitamos ser más como Héctor. Disfrutar más la vida. Valorar al otro y manifestarle respeto más allá del beneficio que podríamos obtener. Si nos animamos a valorar otras cosas, en una de esas, al final del día nos sentimos plenos. Llenos de viviencias grandes o pequeñas, en favor de otros que necesitaban algo de nosotros. Esa satisfacción que vivimos cuando en forma conciente o sin darnos cuenta, ponemos en práctica lo que enseña el proverbio bíblico:

“Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado”.(Prov.11:24-25).

Lee también la experiencia con Daniel, el rapero del subte. http://contagiarvalores.com/2018/05/19/superacion-daniel-el-rapero-del-subte/

#ContagiARValores #Amabilidad

Carrera Maya: ¡Que causalidad!

Hace 44 años atrás nació la “Carrera Maya”, una competencia que se realiza siempre el 25 de mayo, fecha patria en Argentina. En esta edición participaron 10.000 personas, corriendo por las calles de la zona de Parques en Núñez y Palermo, Buenos Aires.

Por tercer año consecutivo decidí participar. Felizmente pude ir bajando mis tiempos y así obtener victorias personales. La mayoría de los que participamos, competimos contra nosotros mismos.

Además de correr para cuidar mi salud, me gusta compartir libros al final del evento. Esta vez llevé más de 50 ejemplares de “El Poder de la Esperanza”. Una obra sobre la salud emocional y espiritual que me hizo mucho bien al leerla y pensé que a otros también podría ayudarles.

Después de cruzar exhausto la meta y de reponerme, busqué la mochila llena de libros que había dejado en el guarda ropas. Le entregué los primeros a las chicas que atendían y una señora me preguntó de que era el libro. Le comenté y me solicitó uno. Se esforzaba por sonreir luego de haber corrido pero me dijo “estoy pasando un duelo. Por algo será que nos encontramos. No hay casualidades”. Sorprendido por la transparencia de la señora, le dije que sin dudas nos encontramos por un propósito. Le recomendé especialmente el último capítulo, deseando que la lectura del libro sea de bendición para su vida.

Después vino la ceremonia de premiación a los tres primeros en cada categoría y pude entregarle el libro a casi todos. Cuando iban saliendo del escenario les pegaba un grito desde abajo y les daba los libros. La música estaba fuerte pero me pude hacer oír jeje.

Entre todos los integrantes de los podios me emociona ver a quienes tienen ciertas discapacidades. ¡Son un ejemplo de perserverancia y esfuerzo!

Ya me estaba por retirar del lugar pero me quedaban algunos libros. Quería entregarlos todos y mentalmente le pedía a Dios que me ayudara a encontrar otras personas para dejarles el obsequio.

En eso pasan al lado mío algunos atletas discapacitados haciendo bromas entre ellos. Le hice una pregunta a uno de ellos y comenzamos a charlar. ¡Más me inspiraron!

A Martin le robaron su silla de ruedas de competición y nunca la pudo reponer. Cuesta tres mil dolares, me dijo. Ahora corre con una prótesis en una pierna. A Karina le funciona la mitad del corazón. Norberto vive con un solo pulmón y práctica varios deportes. Les regalé los libros y les dije que eran una inspiración para mí. Ellos simplemente decían que el deporte les había salvado la vida.

Terminando la charla con mis nuevos amigos, Norberto dice “No existen las casualidades. Por algo nos encontramos. Vos te vinculaste con Martin, con nosotros, por algo será”. Nos sacamos una foto con alegría de conocernos y nos despedimosquedando en agregarnos en face.

No le dije a Norberto que una señora me había dicho la misma frase, un rato antes. Pero me impactó escucharla dos veces. Pienso en lo reconfortante que es sentir que hay alguien mucho más grande, sabio y amoroso que busca vincular a unos con otros para bendecirlos. Algunos creemos que es Dios. Otros quizás aún no se dan cuenta de eso. Yo me fui feliz de sentirme parte de la divina providencia. Eso da paz, tranquilidad, y sobre todo esperanza. Esa de la que habla el libro que compartí.

El libro El Poder de la Esperanza también está disponible en formato digital en el sitio web https://libro.esperanzaweb.com.