Carta a un ex combatiente de Malvinas

Escribo esta carta a cualquier ex combatiente que desee leerla, luego de acompañarlos por primera vez para mí en el acto del 2 de abril en la plaza San Martín de Retiro, CABA.

¿Fuiste Vos que me dijiste hace un rato en la plaza San Martín de Retiro estas frases que calaron hondo en mi corazón?

  • “El gran drama no fue allá, sino acá cuando regresamos”.
  • “Hace poco dejé de tener pesadillas sobre la guerra”.
  • “Allá cambiamos un jeep por una bolsa de comida”.
  • “Cuando me tomaron prisionero ahí estuve un poco mejor”.
  • “Cada año, estos tres meses que duró el conflicto son muy difíciles para mí”.
  • “Todavía sigo con tratamiento psicológico”.
  • “Sufro estrés post-traumático”.

Hoy, 2 de abril de 2019, a 37 años de aquella noche helada cuando a las 4 am pisaste las Malvinas para recuperarlas, quiero decirte que fui por primera vez a un acto en tu conmemoración. Sí, con vergüenza te digo que en casi 42 años de vida recién hoy fui a honrar a los caídos y veteranos, con mi humilde presencia. Sinceramente esperaba encontrar cortada la avenida Libertador por la multitud que hubiera ido a saludarte, ya que hay tantos que parecen desvivirse por interrumpir el libre tránsito en el centro porteño cada día por diferentes reclamos. Pero no. En la plaza había más autoridades del Gobierno, integrantes de las diferentes fuerzas, veteranos y familiares que ciudadanos argentinos queriendo acompañante en esta fecha tan crítica para Vos.
Para mí, las Malvinas fue una guerra que perdimos, como le sucede a todos los que combaten, ya que ninguna tiene verdaderos ganadores. Fuiste allá sin poder elegir ya que la soberbia y avaricia de los gobernantes de turno te empujaron a esa loca aventura irracional. Pero para Vos, Malvinas no es lo mismo que para mí. Para Vos, que ya tenes alrededor de 60 años, que ya no sos aquel pibe al que le dieron un fusil y lo mandaron a la muerte, Malvinas terminó siendo tu vida. Imagino que no hay un día que no venga a tu mente algún recuerdo de aquello. El tema es que no fue algo positivo para tu vida. Porque las heridas emocionales fueron muchísimo más graves que las que te ocasionaron las balas, bombas y proyectiles. Aquellas se sanaron pronto. Quizás te quedaron secuelas. Pero las del alma, las del corazón, esas no hay médico ni cirujano que te las haya podido curar. Probablemente te afectaron muchísimo, al punto de condicionar el resto de tu vida.

Te confieso que gusto verte sonreír. Observarte en silencio abrazar a tus camaradas en el reencuentro para el acto de esta mañana. Se te veía feliz. Aunque quizas esa sonrisa expresaba el gozo de volver a comprobar, al apretar contra tu cuerpo al otro, que era real. Ambos estaban vivos. No era una pesadilla irónica de una noche más. Y que lindo que después del acto se iban a comer juntos, no como en las islas que no tenían casi con que alimentarse.
Me conmovió escucharte contar algunas experiencias con dignidad, aplomo y dolor todavía a flor de piel. Te hablé poco. No me era fácil estar delante de un héroe. Y menos delante de varios juntos. Por eso preferí el silencio porque siento que tengo mucho que aprender de Vos y de esta causa que forma parte del ser argentino.
Te cuento que hasta anoche tarde no pensaba ir a verte. Pero ví un documental viejo que me movió a la acción. Decidí orar a Dios por Vos, por tu familia y por la de aquellos que ya no están. Siento que pedir al todopoderoso por alguien es lo mínimo y a la vez lo máximo que se puede hacer por el otro. Pero no lo único. Así que antes de irme a dormir, decidí que este no sería un 2 de abril más.
Por mucho tiempo pensé que el gobierno y tu familia eran los únicos responsables de ayudarte. Te pido perdón. Yo también podía haber hecho algo por Vos. Si hoy me mostraste que a veces tan sólo necesitabas hablar. Que valorabas que te haya ido a ver, hasta expresando un sentido gracias. Y que apreciaste el libro sobre la salud emocional que llevé para regalarte deseándo que al menos una frase pueda traer alivio y esperanza a tu corazón valiente pero frágil como el mío. Fue un honor, como te dije, estrechar tu mano firme y entregarte ese obsequio. Hasta me preguntaste cuánto costaba a lo que te dije mirándote a los ojos que ya estaba pago y era muchísimo menos que el que Vos pagaste por la Patria. Espero visitarte en tu centro de ex combatientes, para tomar algo juntos y conversar un poco más. Y desde ya aguardo con ansias el libro que vas a publicar este año. Te felicito por animarte a revivir todo aquello y ayudarme a conocerlo. Mirá si te habrá sido difícil que recién lo estás pudiendo hacer casi 40 años después del conflicto.

Querido ex combatiente, te pido perdón por ser esa Patria por la que te brindaste pero que desde que regresaste te da vuelta la cara. En este día sigo pidiendo a Dios por Vos. Confia en Él. Lo que nuestro egoísmo no te brinda, podes recibirlo con creces de parte del Comandante del Universo. Él nunca mirará para otro lado. Como estuvo con Vos en las islas, estará también cada minuto de tu vida. Ah, y preparate porque prometió terminar para siempre con la maldad de este mundo. Esa que Vos más que nadie vivió en carne propia. Él secará tus lágrimas, porque ya no habrá más muerte, ni dolor, ni clamor porque estás cosas habrán pasado para siempre (Apocalipsis 21:4). ¡Que así sea!

EN LA MARCHA DEL ORGULLO LGBTIQ

Es sábado 17 de Noviembre de 2018. Llovió por la mañana y está algo fresco. El sol lucha tenazmente con las nubes para estirar sus rayos. El viento lo ayuda y de a poco el astro rey va logrando su objetivo poniéndole más color a la jornada.
Nunca había imaginado ir a la Marcha del Orgullo LGBTIQ pero allí estoy. No me identifico con las iniciales que resumen las elecciones sexuales de los participantes. Pero me doy cuenta que soy como todos ellos. Ni más ni menos. Ni mejor ni peor. Soy un ser humano y eso basta para sentirme un igual. Por debajo de la ropa que elegimos para vestirnos, los roles que desarrollamos para sentirnos realizados y tantos elementos superficiales de los que nos apropiamos, somos personas. Y nada más.

Plaza de Mayo

Estoy en ese evento porque deseo obsequiar muchos ejemplares de un libro que trata sobre el manejo de diferentes problemáticas de la salud emocional tales como la depresión, la ansiedad, el estrés, etc. Me hizo muy bien a mí y conseguí varios para compartir. Dos semanas atrás sentí en mi corazón que tenía que ir a ese evento y ahí estoy. Felizmente dos amigos se sumaron a la idea y vamos juntos.

Con Gisela y Ariel en la marcha

Doy los primeros pasos en la Plaza de Mayo, con cierta cautela. Observo a mi alrededor. En el escenario suena la música en vivo. Los vendedores ambulantes ofrecen merchandising multicolor. Los jóvenes se maquillan con diversos motivos, en el rostro y en el cuerpo. Hay personas disfrazadas que llaman la atención. Me acerco a un grupo que fuma marihuana y me pongo a conversar. Dos de las chicas se dan un beso apasionado al lado mío. Todos aceptan los libros de regalo. Por allá hay una pareja de hombres sentados en la vereda. Me agacho para hablares y también reciben el obsequio. Por ahí hay un travesti disfrazado con un vestido estridente y un decorado en su cabeza. Junto a su compañero aceptan con gusto el libro. Un muchacho vestido de novia camina por Diagonal Norte. Con gratitud se lleva su ejemplar de lectura. Así distribuyo decenas y decenas de libros sin tener ningún problema con nadie. Todo lo contrario, con cada uno dialogamos, sonreimos, nos miramos, y hasta nos abrazamos. Somos personas.

El libro “El poder de la esperanza”

Unos pocos de quienes reciben el libro me preguntan si tiene algo que ver con Dios. Les explico que la salud emocional se relaciona con la fisica y con la espiritual, por lo cual el libro habla de eso. Los animo a buscar en ese material lo que les pueda ser útil. Entonces el aparente prejuicio se diluye, aceptan el obsequio y dicen que lo leerán.

Personas de todas las edades recibieron el regalo

Sigo caminando y me pregunto porque habrá ese preconcepto de muchas personas en relación con Dios. ¿Será responsabilidad de las religiones? En eso observo que la catedral de Buenos Aires está cerrada, vallada y custodiada por la policía. El mudo edificio parece gritar: ¡ESTE LUGAR NO ES PARA USTEDES. MANTÉNGANSE LEJOS! Pero recuerdo al Carpintero de Galilea. Él no se distanciaba de nadie. Toda persona era valiosa a sus ojos. Su preocupación era cómo poder aportarle algo al prójimo. No temía que algunos “santulones” de la época lo tildaran de “amigo de pecadores”. Si bien no aprobaba ciertas conductas, se relacionaba profundamente con todos. Me gusta pensar en Jesús. Él no hubiera cerrado la puerta ni generado distancia con nadie. Hacía lo que fuera necesario con tal de bendecir y darle una vida mejor al otro, porque amaba a todos por igual.

La catedral

Junto a dos amigos regalamos más de 350 libros durante casi tres horas. Nos sentimos tratados muy bien. Estamos satisfechos con la tarea realizada. Soñamos que así como ese libro nos hizo bien a nosotros, también pueda ayudar a otros. Sobre todo agradecemos a Dios porque esa tarde comprendimos mejor que desde el respeto podemos enriquecernos unos a otros. Desde la valoración logramos aportar en vez de demandar. Y desde el amar pudimos acercar en vez de distanciar.

El libro se puede descargar gratis de https://libro.esperanzaweb.com

Lic. Santiago López Blasco

Un joven que quiso pagar por los libros